El cabecilla de la célula yihadista desarticulada en Barcelona se radicalizó en una cárcel catalana

La policía siguió y escuchó a los sospechosos durante los 19 meses que ha durado la investigación

El cabecilla de la célula yihadista desarticulada en Barcelona se radicalizó en una cárcel catalana
El cabecilla. Rabeh, en el momento que es trasladado del piso ocupado en el que vivía en la Ribera a las dependencia policiales (Xavier Cervera

“Ponga las manos donde pueda verlas. Y no se mueva”.

A gritos, desde varias terrazas contiguas y el rellano del primer piso de un inmueble de protección oficial de la calle Arc de Sant Cristòfol del barrio de la Ribera de Barcelona, el Grup Especial d’Intervenció (GEI) de los Mossos d’Esquadra detuvo la madrugada de ayer a Rabeh, la pieza clave sobre la que ha girado la operación Alejandría, una compleja investigación de año y medio contra el terrorismo yihadista. Los detenidos, todos delincuentes habituales de Ciutat Vella, tienen el mismo perfil que los terroristas que en el 2004 atentaron en los trenes de Madrid. Ladrones de carteras y traficantes de poca monta que protagonizaron una masacre.

El trabajo policial de la Comissaria d’Informació de los Mossos comenzó hace algo más de 19 meses tras conocer que estaba a punto de cumplir condena un recluso argelino, con innumerables antecedentes contra el patrimonio, que había experimentado entre rejas un peligroso proceso de radicalización.

Operación antiterrorista

Los Mossos controlaron los movimientos de Rabeh desde que salió de la cárcel

Rabeh pisó la calle y regresó a los barrios en los que ha vivido y robado desde que llegó a España hace más de una década: los de Ciutat Vella. Lo que no sabía el delincuente es que durante los siguientes 19 meses sus movimientos y sus conversaciones pasarían a ser controladas por los mossos de Informació. Previamente, la policía presentó un primer atestado con sus sospechas ante la Audiencia Nacional, que contaron desde el primer momento con la tutela y el apoyo del magistrado del juzgado central de instrucción 6, Manuel García Castellón.

Desde que volvió a patear las calles de Ciutat Vella, Rabeh regresó pronto a sus quehaceres: saquear a turistas con cualquier modalidad delictiva. Pero añadió otro elemento en su día a día: sumar a su proceso de radicalización yihadista a otros cuatro argelinos con los que conformaba un grupo compacto de amistad y fechorías consolidado con el paso del tiempo. Esos cinco individuos configuran el núcleo duro de los 18 arrestados la madrugada del martes, 17 en seis inmuebles de la ciudad de Barcelona, y uno en Igualada. Del total de detenidos, sólo el grupo de cinco será trasladado en las próximas horas a la Audiencia Nacional, acusados de los delitos de terrorismo, además de pertenencia a organización criminal, contra el patrimonio, tráfico de drogas y falsificación documental. A pesar de que dos de ellos han presentado documentación de Libia y Egipto, los investigadores sospechan que es falsa y que los cinco son ciudadanos argelinos

Los 13 restantes han sido detenidos por pertenencia a una organización criminal que se dedicaba a todo tipo de delitos patrimoniales, como el hurto, el robo con violencia y el método de pinchar ruedas; y seguirán siendo investigados por delito de terrorismo, aunque no hay indicios sólidos sobre ellos para de­tenerlos. Por eso no acompañan a sus compañeros a Madrid, y en las próximas horas pasarán a dispo­sición del juzgado de guardia de Barcelona.

En su momento, los investigadores ya comunicaron al magistrado y a la Fiscalía de la Audiencia Nacional que el nivel de radicalización de ese segundo grupo de detenidos no era comparable con el resto.

La investigación arrancó tres meses antes de los atentados de Barcelona y Cambrils, de agosto del 2017. Fue precisamente la reacción de los principales sospechosos tras la matanza de la Rambla la que elevó el nivel de alerta. Los días posteriores al paso de Younes Abouyaaqoub al volante de una furgoneta alquilada por el corazón de Barcelona, las comunicaciones de los sospechosos se centraron en esa acción terrorista. Sin pudor a compartir su satisfacción por el atentado e insinuando lo fácil que resultaría imitarlos, e incluso planteando hacer una acción semejante. Se trataban de palabras, de intenciones. Por ello, durante el día de ayer, tanto el conseller de Interior, Miquel Buch, como el comisario jefe de la Comisaría de Información, Manel Castellví, insistieron en la “voluntad de atentar” de los detenidos. Pero, ¿tenían capacidad de hacerlo? Tanto el terrorista de la Rambla como, justo un año después, otro argelino, Abdelouahab Taib, cuando trató de asesinar a una mossa en la comisaria de Cornellà, evidenciaron lo poco que cuesta superar la línea del estar convencido al estar capacitado a atentar. El primero, con un vehículo, y el segundo, con un cuchillo.

El perfil de los detenidos recuerda a los terroristas del 11-M de Madrid, ladrones de carteras radicalizados

Fue precisamente ese último incidente en la comisaría el que incrementó el nivel de control de los mossos sobre los sospechosos. El asaltante de Cornellà era un argelino de 29 años con una inestabilidad emocional que canalizó en un ataque a una policía. Entre los cinco ­argelinos a los que la policía ya no perdió de vista desde ese momento había algún elemento altamente ­inestable. Uno trató de inmolarse durante un desalojo en el piso que había ocupado en Ciutat Vella.

La investigación antiterrorista resultó de una gran complejidad porque los sospechosos apenas se movían de Ciutat Vella, de los barrios del Raval, el Gòtic, la Bar­ce­loneta y la Ribera. Rabeh vivió primero en un piso, también de okupa, en Sant Pere Més Baix. Seguirle en un espacio tan pequeño y con tanta ­actividad delincuencial y policial resultaba en ocasiones imposible, y se tuvo que trabajar a partir de las escuchas telefónicas y sus posicionamientos.

Sólo durante los 19 meses de la investigación a los detenidos se les ha podido atribuir cerca de 400 delitos contra el patrimonio y el tráfico de drogas. En más de una ocasión, los policías antiterroristas pasaban datos relevantes de los sospechosos a los mossos de Ciutat Vella si por teléfono escuchaban conversaciones vinculadas con algún robo. Durante la investigación por terrorismo, todos los sospechosos fueron detenidos y puestos en libertad, en múltiples ocasiones, por robos y hurtos.

El trabajo policial no ha terminado. Los investigadores tratarán de concretar qué hicieron durante todo estos meses con la ingente do­cumentación que robaban a turistas si, como sospechan, pudieron abrir alguna vía para enviarla a Argelia. Y lo mismo con el dinero. El cálculo de los beneficios obtenidos en sus robos no se corresponde con el tren de vida miserable que llevaban. Por la tarde, el compañero de Rabeh, un marroquí de oficio incierto, defendía ante la secretaria judicial presente la honorabilidad de su compañero de piso ocupado: “No sabe ni dónde está la mezquita, fuma hachís y escucha reguetón”. Como si esos elementos, a estas alturas, fueran eximentes de algo.

El cruce

Investigaciones paralelas

El control de los sospechosos de la operación Alejandría no disminuyó durante la investigación de los atentados de Barcelona. Al contrario, la reacción de los sospechosos tras las acciones de la Rambla y el paseo marítimo de Cambrils hizo temer por una reacción de imitación en cadena, por lo que se incrementó la presión.

FUENTE: LA VANGUARDIA

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